Isabel Serra (Podemos-Madrid): “Para que haya democracia y feminismo es necesario acabar con la tiranía de la falta de estructuras”

Nos encontramos con Isabel Serra, diputada de la Comunidad de Madrid. Acaba de liderar, con un porcentaje del 31,33% de los votos, la alternativa a la candidatura de Julio Rodríguez en la ciudad de Madrid. Nos citamos en el madrileño barrio de Lavapiés. Se reconoce como una persona tímida, aunque eso no le ha impedido convertirse en la diputada más joven de la Asamblea de Madrid y ser la portavoz del Consejo Autonómico de la comunidad hasta la última reconfiguración de la ejecutiva hace menos de un mes. Defiende la necesidad de compatibilizar la llegada a las instituciones con la movilización ciudadana, de hecho, en menos de una hora se irá a apoyar la lucha de los vigilantes de seguridad que llevan meses sin cobrar.

Se encontraba en la presentación de Podemos del Teatro del Barrio en el 2014, cuando nadie se esperaba el sorprendente resultado de las elecciones europeas. Desde entonces se ha ido consolidando llegando a ser una de las representantes con más voz dentro del sector crítico de Podemos Madrid. Licenciada en Filosofía por la Universidad Complutense de Madrid, forma parte de esa generación cuyas expectativas chocaban con un contexto de crisis económica y política incapaz de ofrecer una salida más allá del exilio económico.

Empezaste a militar en Juventud sin Futuro y estuviste vinculada a los movimientos sociales de los que surgió el 15M. ¿Cuál fue la lucha social que más te marcó en un primer momento para tomar un papel político tan activo?

Empecé en el instituto yendo a las manifestaciones por la vivienda digna. Justo cuando empecé la carrera hubo un estallido muy fuerte del movimiento contra Bolonia en la Facultad de Filosofía porque hubo un encierro de un mes. Yo ya me quedé durante todo el mes durmiendo en la facultad sin pasar por mi casa. En ese momento fue cuando comencé a vincularme en serio a la política, y más me sentí con intereses semejantes al resto de mis compañeros que estaban ahí, me involucré mucho en esa lucha. Desde ahí continué en el movimiento estudiantil hasta mi marcha de la facultad. También pasé un año por Italia y participé del movimiento estudiantil allí. En esos años, también de facultad, el movimiento feminista no estaba evidentemente tan activo como ahora, pero si formábamos colectivos feministas. Constituimos uno llamado AMORFAS. En primer lugar, el movimiento estudiantil, y, en segundo lugar, durante los años de la carrera, más allá de construir el colectivo de AMORFAS, empezamos a leer mucho sobre feminismo. Toda la Facultad de Filosofía se involucró en el debate sobre el feminismo y yo me acabé vinculando mucho también.

En la Facultad de Filosofía el temario de las asignaturas ¿incluía a las mujeres con un papel importante en la misma medida que a los hombres?

No, evidentemente toda la historia de la filosofía es una historia que invisibiliza a las mujeres, donde parece no haber mujeres filósofas prácticamente. Por tanto, el contenido es totalmente reproductor de esa historia invisibilizadora. Además, la Facultad de Filosofía, si bien tiene cosas muy buenas, es una facultad que lo reproduce también en sus estructuras y departamentos. En ese sentido, ni siquiera las mujeres están en iguales condiciones a la hora de decidir los temarios pues los departamentos están gestionados y gobernados por los hombres.

En el último proceso interno de Podemos de la ciudad de Madrid decidiste liderar una alternativa a la propuesta de Julio Rodríguez ¿cuál es el balance que haces?

El hecho de presentarse diferentes candidaturas, algo democrático en cualquier partido, es positivo. Más teniendo en cuenta que Podemos está configurado de una forma totalmente diferente al resto, lo que hace que los debates se tengan de cara a la sociedad. Aunque cualquier propuesta que no fuese la unitaria se pretendía plantear como una deslealtad, hemos conseguido tener un debate por lo menos en lo relativo al proyecto para Madrid ciudad. Bajo mi punto de vista ha ganado una candidatura con pocas propuestas, pero aún así es la elección de los inscritos y las inscritas. Espero que el consejo que ha salido, que es plural, tenga ambas posturas en su ejecutiva y en el proyecto a desarrollar a partir de ahora.

Isabel Serra / Fotografía: Paola Aragón Pérez
Isabel Serra / Fotografía: Paola Aragón Pérez

“El error del equipo de gobierno, en la destitución de Mato, es salir después de haber aceptado ese PEF y decir que no ha habido recortes y que no hay ningún problema”

A lo largo de la campaña del proceso interno municipal de Podemos hiciste hincapié en el excesivo personalismo de Manuela Carmena en el proyecto de Ahora Madrid y como hemos visto días después llegaba el cese de Sánchez Mato. ¿Cómo crees que afectan estos últimos acontecimientos al municipalismo de la ciudad de Madrid?

Desde la candidatura de ‘Podemos en movimiento’, planteábamos la necesidad de abordar la lucha contra la amenaza de Montoro, mediante la movilización de la ciudadanía y buscando la solidaridad con el resto de municipios amenazados. Tres días más tarde de acabar el proceso municipal se ha hecho lo contrario a lo que proponíamos. En ese sentido me parece un problema y un error la destitución de Mato. Cuando se habla de los éxitos del Ayuntamiento de Madrid como bajar la deuda o la subida del superávit son éxitos en primer lugar de Sánchez Mato porque es una persona con una capacidad técnica y política fundamental. El equipo de gobierno, con esta decisión, pone en cuestión la unidad popular, es decir, construir una candidatura de unidad popular más allá de Podemos con otro tipo de actores. El problema no es aceptar o no el PEF (Plan Económico Financiero) aunque evidentemente es el final de la cuestión y repercute en los derechos de toda la ciudadanía madrileña. El problema se da cuando se dice desde el Ayuntamiento no tener capacidad para dar respuesta desde ese plano administrativo a Montoro. Eso mismo podría decir Tsipras desde el Estado frente a Europa. Las batallas las tenemos que dar desde todos los planos: desde los municipales, los autonómicos, desde el estado y desde Europa también. El error del equipo de gobierno, en la destitución de Mato, es salir después de haber aceptado ese PEF y decir que no ha habido recortes y que no hay ningún problema. Eso es lo contrario a lo que habría que hacer.

En los últimos tiempos muchas mujeres que han irrumpido en el espacio público de la mano de la nueva política han manifestado cuales han sido las barreras más importantes con las que se han encontrado. En tu caso, ¿cuáles te han afectado más?

La mayor dificultad es que yo era y sigo siendo, aunque lo he ido trabajando, una persona muy tímida, y hablar en público me costaba especialmente. Yo me pude pasar años en asambleas todos los días trabajando mucho sin decir una palabra públicamente. Evidentemente eso nos afecta mucho más a las mujeres que generalmente a los hombres que estaban en esas asambleas.

Por mi militancia en Anticapitalistas he estado en bastantes órganos de dirección, desde los 23 años, sobre todo. Eso me ha hecho ver como por mucho que las mujeres estemos en determinados órganos de dirección en los momentos en los que hay disputa por el poder la cuestión de género y el machismo se utilizan para expulsar a las mujeres de ese poder. Me ha pasado cantidad de veces de sentirme, y estar expulsada de la toma de decisiones y del control de la información que fluye únicamente entre los hombres en los órganos de dirección.

¿Y en el caso de las instituciones públicas?

En la Asamblea de Madrid además de ser mujer, soy la más joven de la Asamblea por lo que he visto una puesta en duda de mis capacidades por ese motivo. Me acuerdo cuando llegué a la Asamblea las primeras semanas negociando con otro grupo parlamentario una proposición no de ley y uno de Ciudadanos me decía ¿sabes lo qué es una transaccional? Y yo le decía, “claro que sé que es una transaccional, pero estoy segura de que eso no se lo has dicho al resto de mis compañeros”.

“Hay muchas mujeres que dan la cara, pero a la hora de la verdad en las estructuras internas, no tienen poder”

Muchas feministas han teorizado sobre la dificultad de las mujeres para desempeñar el poder. Celia Amorós resalta que lo ejercemos sin la completa investidura, lo que se puede trasladar en la necesidad, incluso de mujeres con poder, de que los hombres muestren su acuerdo con ellas para dar sus decisiones por válidas como bien ha desarrollado Amelia Valcárcel. ¿Cómo se ha trasladado eso en tu experiencia?

Los hombres con una cara pública cuando hacen política en una organización, en un movimiento o en un partido, generalmente son los mismos que ejercen de portavoces y tienen un poder interno grande, mientras que con las mujeres no suele pasar lo mismo. Se necesitan mujeres precisamente para dar la imagen de igualitarios y feministas, por lo que hay muchas mujeres dan la cara, pero a la hora de la verdad en las estructuras internas, no tienen poder. Por mucho que hacia fuera parezcas una cara visible con determinado poder, hacia dentro evidentemente tenemos mucho menos de lo que tendríamos si fuésemos un hombre con la misma visibilidad. Eso provoca, permanentemente a la hora de tomar las decisiones y a la hora de decidir qué decir públicamente, dependencia de los hombres generalmente, pues son los que toman esa decisión. Hay otra cosa de la que me he dado cuenta en el último año sobre todo. Cuando realmente tienes responsabilidad y no estás en un órgano subsumida alrededor de hombres, a las mujeres nos cuesta mucho asumir que podemos tomar el poder. Yo me he dedicado mucho a criticar la falta de poder de las mujeres, pero cuando nos lo dan nos entran ganas de soltarlo. No nos sentimos capaces y con legitimidad para tenerlo.

En el proceso autonómico interno, tú fuiste la persona más votada por encima incluso de Ramón Espinar que aspiraba a la Secretaría General. ¿Qué lectura haces de que en Podemos las mujeres cada vez sean más votadas, pero eso no se traduzca en posiciones de liderazgo mayor?

Por el hecho de ser mujer tienes más votos si te presentas dentro de una lista, pero si te presentas como secretaria general contra un hombre no se da eso, de hecho, casi siempre ganan los hombres. Por ejemplo, pasó lo mismo en el caso de Ramón Espinar frente a Rita Maestre, también por otras razones claro. Se nos valora más positivamente a la hora de estar dentro de una lista conjunta, pero en la posibilidad de ser quienes mandemos frente a los hombres eso no se valora positivamente, sino que se penaliza. Entonces, en ese sentido, hay un avance, pero, desde luego, no llega a donde debería llegar. A la hora de la verdad siempre se prefiere a los hombres para tomar el poder en un partido como Podemos que sigue siendo totalmente masculino y machista desde mi punto de vista en el modelo organizativo y en la estructura patriarcal más allá de sus caras más visibles. El modelo centralista basado en el liderazgo de una persona solo reproduce que siempre sean los hombres los que estén ahí y no se hace cargo de la tiranía de la falta de estructuras, algo que siempre se ha reivindicado y criticado por parte del movimiento feminista. Acabar con esta informalidad y tiranía es una condición necesaria para que exista democracia y feminismo, que haya estructuras claras de poder y de decisión. El modelo organizativo de Podemos no va por ahí ni mucho menos.

“El modelo centralista basado en el liderazgo de una persona solo reproduce que siempre sean los hombres los que estén ahí”

¿Cuál crees que es el papel que juega el feminismo en la ventana de oportunidad política que surgió después del 15M?

Todo. Básicamente porque después de todo el ciclo de movilización derivado en toda la expectativa y esperanza por el ciclo electoral, que está viviendo sus evidentes límites, no hay más movimiento social con fuerza y con capacidad de crítica más allá del feminismo. Está demostrando, no sólo en este país sino en el conjunto del planeta, tener unas potencialidades enormes. No se está criticando únicamente el patriarcado, sino que se está poniendo en cuestión pilares fundamentales de esta sociedad, como cuando se critica la falta de neutralidad de la justicia patriarcal. Algo que sigue siendo asumido como intocable por actores también de la izquierda. Además, este movimiento está teniendo la capacidad, en este país, de ir desde un discurso fundamentalmente crítico con las violencias machistas hacia uno que critica la posición de las mujeres en el mercado laboral, en la economía y la transferencia de cuidados hacia la sociedad. En ese sentido, con el discurso de la recuperación de la crisis, vamos a ver como, cuando analicemos en que se ha basado, las mujeres habrán soportado esa desigualdad y esa precarización de las condiciones de vida. El feminismo tiene que poder poner en jaque también ese discurso de la recuperación. Está siendo capaz de criticar el discurso dominante actualmente y de ofrecer también horizontes para el conjunto de la sociedad y no sólo para las mujeres.

No obstante, este fenómeno que podríamos llamar la viralización del feminismo no ha dejado de recibir críticas también por quienes lo consideran un vaciamiento del contenido del propio movimiento. ¿Qué opinas de que el feminismo se esté convirtiendo en una moda?

Hay una disputa fundamental en el feminismo cuando decimos ¿el feminismo está de moda si o no? El debate no es si el feminismo es hegemónico, sino qué tipo de igualdad y libertad y qué tipo feminismo es capaz de hegemonizar la lucha de las mujeres actualmente. A día de hoy, hay una disputa que no es de hace dos años, sino de por lo menos hace quince años, relacionada con la diferencia entre un feminismo neoliberal y un feminismo de la democracia radical que siguen estando encima de la mesa. Hay un avance en el discurso sobre la mujer, pero eso no garantiza que vaya a derivar en más derechos para las mujeres si no se acompaña de un cuestionamiento de la idea de igualdad y libertad neoliberal.

“El debate no es si el feminismo es hegemónico, sino qué tipo de igualdad y libertad y qué tipo feminismo es capaz de hegemonizar la lucha de las mujeres actualmente”

Entre las problemáticas que afectan a las mujeres nos encontramos con nuevos retos entre los que no hay consensos dentro de los feminismos lo que dificulta abordarlos. No sé cuál es tu opinión personal respecto a la gestación subrogada en concreto.

Yo en general soy crítica con la gestación subrogada. Es la apertura de un campo, una vez más es el cuerpo de las mujeres, a un nuevo mercado. En ese sentido, la regulación debería ir por proteger los derechos de las mujeres, que no sólo en este país, sino en el conjunto del globo, ponen su cuerpo a gestar por la situación de pobreza evidente que viven. En segundo lugar, habría que avanzar hacia una posición de prohibir la gestación subrogada porque actualmente contamos con la capacidad de hacerlo no como en otros debates como la prostitución donde se da una situación totalmente diferente.

Hace unos meses decidiste participar en la campaña #MeToo en tu propio Facebook. Me pareció muy interesante su escasa repercusión mediática para tu posición como diputada de la Comunidad de Madrid en la Asamblea. Al final queda la sensación de que determinadas cuestiones se quedan en lo personal y no acaban de trascender la barrera política por lo que es muy difícil ponerlas en el centro de agenda política en primera persona.

Me había planteado contarlo desde hace tiempo precisamente por la reacción de la sociedad ante la posibilidad de contarlo. Por un lado, se te habla de la gravedad de estas violencias, pero, por otro, se recomienda no contarlo y esto me ha pasado a mi desde el principio. Cerca de mí había muchísimas personas que me recomendaban no darle mucho aire a la situación y sobre todo siendo un personaje medianamente conocido que puede hacer que se me ponga en cuestión lo que digo en función de si lo digo porque he sufrido una agresión sexual. Cuando surgió esta campaña, aparte de querer colaborar por la importancia del fenómeno me too, me hubiese quedado mal y arrepentida de no haber aprovechado la ocasión de contarlo. Es verdad que tuvo menos repercusión de la que por ejemplo habría tenido una agresión racista a una persona negra, pero es porque sigue existiendo un tabú respecto a este tema y los periodistas, aunque lean esto, tienen reparo en contarlo. Cuando tú tomas la palabra y lo cuentas ya deberían tener poco miedo a contarlo porque lo estás poniendo en el espacio público, pero hay una posición de pretender tener respeto hacia determinadas situaciones que se entienden como personales y que son políticas.

Isabel Serra / Fotografía: Paola Aragón Pérez
Isabel Serra / Fotografía: Paola Aragón Pérez

“Yo creo que el feminismo, aunque esté avanzando en términos culturales y de discurso, todavía no está trasladando eso en términos de organización”

Y dejando a un lado la sociedad, ¿cómo se reacciona dentro de la izquierda ante estas situaciones?

Hay varias reacciones diferentes. Por una parte, hay como una incapacidad por los hombres, que pretenden estar vinculados al feminismo y comprenderlo, que siguen sin saber posicionarse y actuar en una situación así. Por otra parte, hay algunos que no le prestan suficiente atención y no entienden de la gravedad, al mismo tiempo que lo consideran una perversión de algo así como la pureza de las mujeres. El feminismo, aunque esté avanzando en términos culturales y de discurso, todavía no está trasladando eso en términos de organización. Lo vemos desde el mundo laboral hasta un montón de luchas relacionadas con las redes de apoyo mutuo a por ejemplo una mujer que esté sufriendo violencia machista en su casa. En casos como este también falta, desde luego, la traslación de todo ese mensaje de #MeToo a redes de organización y en estos casos deberíamos de poder crearlos más allá de colectivos feministas cercanos, y seguimos sin hacerlo.

Como comentabas antes el feminismo se está mostrando muy crítico con el funcionamiento de la justicia en los últimos tiempos. En tu caso, como feminista, ¿cuál ha sido tu experiencia en las instituciones judiciales?

Hay dos razones por las que yo en concreto no lo conté hasta pasado un tiempo. En primer lugar, porque mi abogada me pidió que no lo contase para que no influyese en la sentencia. Y en segundo lugar, porque el hecho de ser una diputada y contarlo se podía ver socialmente como que yo tenía intereses políticos en contar algo así. Todo esto está relacionado con lo que es y representa la justicia a día de hoy, que es lo que más he aprendido en este proceso. Al final se te hace muy grande la institución judicial porque toda tu crediblidad depende de esa sentencia. Lo que no podía pasar es que yo dijera que había sufrido una agresión sexual y posteriormente hubiese una sentencia que considerase que no estoy diciendo la verdad o que no había suficientes pruebas para considerarlo así. Eso hubiera tenido efectos terribles porque enseguida se te hubiese echado toda la sociedad y los machistas concretamente a decirte que era absolutamente mentira. Dependes absolutamente de la decisión de la institución judicial y ahí la capacidad de recursos de unas mujeres frente a otras, y de las redes de apoyo es determinante.

En Podemos sólo se puede estar en un cargo público durante ocho años, tú con 28 años ya llevas tres siendo diputada autonómica. ¿Qué te has planteado hacer cuando acabe esta etapa de tu vida en las instituciones?

En primer lugar, no tengo claro que vaya a estar dos legislaturas. Ahora mismo queda un año y unos meses para armar las siguientes listas electorales para la Comunidad Madrid y las municipales y evidentemente tenemos que decidirlo pronto todas las personas que queramos estar allí. Al menos decidir si queremos estar o no y luego ver si entramos en las listas presentándonos a unas primarias. Yo, a día de hoy, no tengo nada claro el hecho de continuar en la siguiente legislatura sobre todo por lo joven que soy. La política es un mundo que demasiadas veces te aleja del resto de la sociedad por toda la institucionalización y burocratización que conlleva.

Precisamente una persona tan joven, que se ha hecho diputada con 25 años, después de haber estudiado una carrera y un máster, pero sin haber tenido años para poder tener una experiencia profesional y laboral suficiente como para contar con una carrera independiente, corre el riesgo de continuar dentro de las dependencias de la política no sólo ocho años sino posteriormente en otro tipo de cargos no ya de representación sino internos al partido. Es una rueda en la que te atrapas. Me parece necesario salir al acabar esta legislatura, aunque no lo tengo claro aún. Pero creo que debería ser generalizado al resto de personas jóvenes de Podemos porque hay un peligro de dejar de ser lo que pretendíamos ser y ser lo mismo que el resto de partidos.

 

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