¿Injerencias políticas en el IVAM?

Si leemos y escuchamos una mentira muchas veces, da igual cuándo salga a la luz la verdad, porque el mensaje que querían transmitirnos ya habrá calado en la mayoría. Elige qué efecto quieres causar y lanza el titular, con eso tienes medio camino hecho. Así funcionan las fake news y así actúa José Miguel García Cortés, director del Institut Valencià d’Art Modern (IVAM) desde que supo que la renovación de su cargo no será automática, sino que habrá de presentarse a un proceso de selección cuando termine su contrato. Ese contrato que obtuvo presentando un proyecto para seis años que se cumplirán el próximo mes de septiembre y que esperaba ver prorrogado hasta un total de dieciocho años, excepcional condición que se le pretendió conceder en 2014.

En 2014, o sea, cuando todavía gobernaba el Partido Popular en la Comunitat Valenciana y el Consejo Rector del IVAM era el conformado por afinidad con Consuelo Císcar, recién cesada, aún permaneciendo como miembro activo incluso del Consell Valencià de Cultura hasta 2018, año en que éste al fin se renovó. De hecho, el Consejo Rector del IVAM no retiró el título de directora honoraria a Císcar hasta 2016, ya envuelta en una investigación por malversación de caudales públicos y de falsedad documental. Ante la no renovación automática de su contrato, Cortés insiste en que es el Consejo Rector el que ha de decidir cuánto sigue, nadie más.

¿Qué relación existía entre Císcar y Cortés? ¿Por qué ofrecer condiciones tan extraordinarias al segundo? ¿Estaba el PP comprando el silencio sobre la gestión anterior del centro al blindar un contrato de sucesión? ¿Fue aquel un concurso exprés amañado? ¿Contra qué candidatos ganó? ¿Por qué rehúsa volver a concursar?

Nuria Enguita y José Miguel G. Cortés en el IVAM

En septiembre de este año la Dirección del IVAM sale a concurso internacional con un jurado que integrarán el director del Museo Nacional Reina Sofía de Madrid, Manuel Borja-Villel, la directora de la Whitechapel Gallery de Londres, Iwona Blazwick, —ex director de la Tate Modern de Londres y director de Hangar Bicocca de Milán—, Vicente Todolí, y el director del Centro Pompidou de París Bernard Blistène. La presencia de Todolí genera malestar a Cortés y sus allegados que consideran que el hecho de que Todolí haya trabajado con Nuria Enguita, que también fue candidata a dirigir el IVAM quedando por detrás de Cortés en 2014, podría favorecerla. Semejante suposición cuestiona la profesionalidad tanto de Enguita como de Todolí. Ambos han coincidido trabajando en el IVAM antes de la infame etapa Císcar. Actualmente lo hacen en Bombas Gens, centro privado donde ella es directora y él asesor, un proyecto que desde su apertura en 2017 ha contribuido a volver a poner València en el mapa cultural.

Tendemos a agrupar los cambios en materia de cultura en València cuando miramos hacia atrás. Pero no fue hasta mediados de 2015 cuando hubo un cambio político real, en las urnas, tras dos décadas de gobierno del Partido Popular. El PSPV-PSOE, Compromís y Podemos llegaron a un pacto que hizo posible un gobierno de izquierdas en cuya segunda legislatura nos encontramos.

Hasta llegado ese cambio poco se habían suscrito las buenas prácticas. Si nos retrotraemos a 1999, por aquel entonces Consuelo Císcar era directora general de Promoción Cultural y Patrimonio Artístico (cargo que desempeñó desde 1996 a 2001). Recordemos que aquel año ella puso al frente de la dirección del Espai d’Art Contemporani de Castelló (EACC) a José Miguel G. Cortés, quien además llevó a cabo varios comisariados en el IVAM bajo la dirección de ella. Él dirigió el EACC cuatro años, hasta 2003, durante los cuales su comisario de cabecera fue Juan Vicente Aliaga, que repite como comisario que más presencia ha tenido en un centro dirigido por Cortés también en el IVAM. Dos centros de arte públicos cuyas publicaciones, conferencias, seminarios, exposiciones y eventos programados por Cortés no dejan de incluir a su círculo más cercano constantemente y versar sobre las temáticas en común que ellos investigan.

De ese modo ocurre que en la etapa de Cortés parte de la programación ha estado relacionada con investigaciones sobre teoría queer, reivindicación de los derechos LGTBI y la visibilidad del impacto del VIH en los 80, temas de interés, de los que Aliaga es experto, sobre los que Cortés ya había realizado proyectos en el EACC y que por supuesto deben tener su espacio. No obstante, utilizar a los colectivos implicados para que elaboren un manifiesto y abran un Change.org pidiendo la perpetuidad de Cortés en el IVAM es indignante.

Campaña change.org en apoyo a Cortés

Pues al parecer el propio Cortés enviaba el pasado fin de semana a toda su lista de contactos la petición de firma del manifiesto titulado “Ciudadanas trans-marica-bollo, feministas, seropositivas: el IVAM también es nuestro”. En él expresan su descontento con el Conseller d’Educació, Cultura i Esport Vicent Marzà, de Compromís, a quien atribuyen la capacidad de echar a un director que les ha dado voz dentro del museo, lo acusan de intervencionismo político y hasta el momento han recogido casi doscientas firmas. Pero la premisa del cese es falsa. Desde Consellería y también la Secretaría Autonómica de Cultura se ha explicado que no hay ningún cese y que se está actuando conforme a la ley de 2018, amparada por el código de buenas prácticas respecto del cual Cortés mostró reticencias.

Recordemos que, cuando Cortés fue nombrado director del IVAM, un comunicado suscrito por diecisiete de las principales asociaciones estatales y autonómicas de las artes visuales en España expresó la necesidad de que asumiese los postulados de las buenas prácticas profesionales. Las que en su día acordó el sector junto al Ministerio de Cultura como garantía de buen funcionamiento de este y que Cortés tardaba en aplicar. Para empezar, costó que hiciese público su programa. Las asociaciones insistieron en reclamar la despolitización del Consejo Rector y una auditoría externa de las cuentas de la etapa de Císcar para que el nuevo director mostrase una verdadera voluntad de cambio.

Esto nos lleva a preguntarnos si existe cierta preocupación porque un director diferente, tras la próxima convocatoria, sí abra cajones y quizás saque a la luz irregularidades. De Císcar o de Cortés, porque de Císcar él rechazó hablar siempre, esgrimiendo el argumento de que no había que mirar al pasado sino al presente para desarrollar su proyecto, que lo que hubiera ocurrido en el centro antes de su llegada no era cosa suya. Niega tener relación con el PP y con Císcar pero lo cierto es que aquellos tiempos le favorecieron, sólo hay que tirar de hemeroteca. Si el actual gobierno valenciano hubiese intervenido en su gestión del centro o no fuera justo, no le hubiera dado autonomía para desarrollar su proyecto, ampliando incluso a una sede nueva (la de Alcoi) y doblando su presupuesto inicial de cuatro millones de euros a nueve y pico. ¿En serio un gobierno que te oprime te da más libertad y más dinero?

José Miguel G. Cortés y Vicent Marzà en el IVAM
José Miguel G. Cortés y Vicent Marzà en el IVAM

Si Cortés y sus apoyos de la etapa Císcar extienden el bulo de la injerencia política, día a día, medio a medio, entonces cualquier dato de la nueva dirección que llegue sobre lo previo tendrá poca credibilidad. Como estrategia así tendría sentido la manipulación pero desde luego es insultante para la prensa, para los agentes culturales de esta ciudad y para la ciudadanía que es a quien pertenece el centro de arte que vuelve a verse politizado por los mismos de siempre, y no por quienes gobiernan ahora precisamente. Al PP le beneficia que el titular de aquí a septiembre sea la injerencia política de Compromís para debilitar al gobierno autonómico.

Si los votantes de izquierda caen en la trampa del victimismo estratégico del director que no quiere soltar su mando ni pasar por concurso, si logra que le crean unos cuantos y se convierta él en una causa, desconfiarán del Conseller Marzà, titubearán las próximas elecciones. No nos relajemos, quedan varios años por delante, pero la derecha sabe que con este tipo de acciones se logra poco a poco sembrar la duda. La izquierda es autocrítica y un votante de izquierdas que duda no vota, mientras que la derecha vota a ciegas repitiendo los eslóganes que desea creer. Esa derecha que se apropia del feminismo para cambiar su significado, de lo queer y de la bandera LGTBI sin pudor. Tal vez el asunto del museo vaya más allá del ámbito cultural y suponga una pieza clave en el tablero de ajedrez político.

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