¿Girar la rueda o romper la rueda?

El preu de la llibertat

Des del 2013 a Revista Mirall hem treballat per fer realitat un espai de periodisme valent, crític i combatiu. Seguim en peu gràcies al suport voluntari dels nostres subscriptors. Suma't des de només 2€/mes

El otro día volví a ver la película The Matrix y, ciertamente, creo que cada vez que la veo me inquieta más. Y no solo por el taciturno de Keanu Reeves, sino también por los temas que abordan. También me pasa con Westworld, Lost y, en definitiva, con todas las series, películas o novelas, que tratan el tema de las simulaciones y el sentido de la vida humana. Y es que… ¿acaso es real la realidad?

Entre las muchas interpretaciones de las tablillas de barro que nos cuentan los mitos sumerios (Javier Cansado estaría orgulloso de mí), están los Anunnaki. Estos, serían seres supuestamente del espacio que crearon a los humanos y les ayudaron a evolucionar. El arte sumerio, por ejemplo, está lleno de señores gigantes con alas junto a humanos. Y es sabido que los sumerios, la primera civilización de la historia, tenían unos conocimientos avanzadísimos en matemáticas y astronomía y sabían, por ejemplo, que la tierra era redonda y que giraba alrededor del sol. Esto, no lo supieron las civilizaciones posteriores hasta la llegada de Copérnico. La pregunta es… ¿De donde sacó esta gente dicho conocimiento? Sea como fuere, aquí estamos 6000 años más tarde (mes arriba mes abajo), a punto de firmar el Acuerdo del Botànic, segona part.

Qui ens diria als valencians pel 2011 que, a les Eleccions Municipals i Autonòmiques recents obtindríem aquestos resultats. Qui ens diria que seríem el far i exemple per la resta de forces progressistes a l’hora de fixar els pactes. I, qui ens diria que els valencians i les valencianes seríem notícia per fer les coses bé i no per la corrupció. Brindem per això. Brindem per la segona part de l’Acord del Botànic. Però espai: amb molt de treball, memòria i humiltat, que excepte a El Padrino segones parts mai foren bones…

El filósofo moderno Delgado Alemany expuso hace poco aquello de que “la democracia es el proceso que garantiza que no seamos gobernados mejor de lo que nos merecemos”. Dicha frase, original del escritor George Bernard Shaw, se puede matizar y ampliar explicando que en las democracias representativas, como la nuestra, y a diferencia de las democracias directas o asamblearias, los pactos postelectorales no se deciden por los votantes, sino por sus representantes políticos. El político recibe un voto delegado del que debe responder ante sus representados. Y, en ocasiones, para compartir la responsabilidad del proceso, se recurre a la llamada “consulta a las bases”, un referéndum que legitima las decisiones tomadas.

En definitiva, pronto acabará el circo electoral al que estamos sometidos desde 2014, me atrevería a decir. Y cuando todo marche correctamente, cuando todo vuelva a la realidad, serán los pequeños gestos, las pequeñas acciones las que determinen nuestro día día. Lo que nos haga progresar y evolucionar. Ni maniobras políticas, ni discursos grandilocuentes, ni fachadas irreconocibles. Un buen libro, una buena serie, una buena película. Retos que nos hagan plantearnos nuestra existencia. Pequeñas conversaciones que se convierten en postulados filosóficos, en enseñanzas de vida. Pues lo de verdad, lo real, es lo que vemos, lo que sentimos y lo que vivimos.

¿Qué une al pueblo? ¿Las huestes? ¿El oro? ¿Las banderas? No… Las historias. No hay nada más poderoso en el mundo que una buena historia. Nadie puede detenerla, ningún enemigo puede vencerla. Y, ¿quién tiene mejor historia que nuestra mente? Pues somos nuestra propia memoria, el custodio de todas nuestras historias. Las guerras, bodas, nacimientos, masacres, hambrunas… Nuestros triunfos y nuestras derrotas. Nuestro pasado… ¿quién mejor para conducirnos al futuro?”

- Publicitat -