Muertos por la libertad

El dos de octubre de 2018, en pleno siglo XXI, el mundo conocía la noticia de que Jamal Khashoggi, periodista de Arabia Saudí, entró en el consulado de su país situado en Estambul y no volvió a salir. Los altos cargos del mundo, entre ellos Donald Trump, se Pasaron la pelota ardiendo de uno a otro a la hora de dar explicaciones acerca del asesinato que los ciudadanos ya habían deducido. La razón central de descuartizar vivo al periodista fue el odio que éste había acumulado por parte del Reino saudí a raíz de las opiniones críticas hacia su país natal.

Mapa Arabia Saudí. Recuperado de Pixabay.

Lo que acabó con Jamal no solo fue la firmeza con la que defendía sus creencias. Él dio alas a la verdad que corría por las venas de los líderes sauditas, que no tienen por costumbre perdonar la disidencia. Con cada asesinato de este tipo se va debilitando cada vez más el derecho a “informar libremente” que defiende la libertad de prensa. No es cuestión de estar a favor o en contra de las ideologías que manchan el mundo. El asunto tampoco va de si favorece más o menos lo que un profesional de la información tenga que decir. El debate es que, si se silencia la libertad en base a los intereses de cada uno, el mundo se torna en dictadura y sus habitantes en protagonistas de la saga “Los juegos del hambre”.

Khashoggi no ha muerto solo. Un total de 62 nombres con sus respectivos apellidos se fueron con él en 2018, según registra el barómetro de Reporteros sin Fronteras. Además, hay cientos de encarcelados por todo el mundo en detrimento de la libertad de prensa. Mientras tanto, la UNESCO hace una gran celebración cada tres de mayo para recordar este derecho, pero su lucha acaba cuando finaliza el evento, cada cuatro de mayo. La libertad no necesita un día, necesita una vida de devoción hacia ella. Los periodistas continúan sufriendo ante la impunidad de sus agresores y para que así conste, EEUU comunica su indulto a Arabia Saudí, al príncipe Mohamed bin Salmán y a quien haga falta con tal de que el grifo del dinero se abra.

Donald Trump. Recuperado de Pixabay.

Y por si no ha quedado claro, la UNESCO prepara un curso dirigido a concienciar a los representantes judiciales iberoamericanos, que todos saben que calará tanto que hará que Donald Trump se abrace a un mexicano. No es una broma. Este organismo pretende minimizar las tragedias a periodistas mediante un cursillo online como si los jueces no fuesen corruptibles. Ante esta situación, lo primero es la educación ciudadana y lo segundo la desvinculación entre el dinero y la política para que unos pocos no puedan decidir sobre el derecho a informarse del resto.

El papel de los que eligen el periodismo como primera opción cada día debe ser firme y sólido. La autocensura no puede ser una opción. En la serie “Juego de Tronos” el ejército de los muertos se levanta contra los vivos y solo se puede acabar con ellos eliminando a los caminantes blancos que los guían. No se puede permitir que ser periodista sea unirse a la hueste más allá del muro. Aquellos que elijan esta profesión no deben subyugarse a la manipulación de los caminantes blancos que habitan en la Tierra. Por suerte, algunos son fáciles de identificar, como es el caso del presidente estadounidense, porque alardea de su carácter sinvergüenza.

   

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