El 8M: éxitos y riesgos

La jornada de este año del 8M ha cambiado el tablero político rivalizando incluso con el impacto histórico que tuvo el 15M en el 2011. Su repercusión mundial en un momento de retroceso de las libertades y de ascenso de la ultraderecha cambia el marco desde el que tenemos que analizar la coyuntura, y sobre todo establece un hito histórico en el que las mujeres por primera vez son las protagonistas a escala mundial. La implosión del feminismo ha dejado fuera de juego a diferentes actores de muy diversa índole; al gobierno, a los sindicatos, a la izquierda y a los propios partidos políticos, pero diría que también y salvando las distancias, en cierta medida, ha dejado descolocadas a las que nos considerábamos feministas incluso cuando hacerlo era motivo de burla y menosprecio.

Los sindicatos mayoritarios CCOO y UGT han quedado definitivamente deslegitimados como fuerzas sindicales de las capas más amplias de la población y de las más precarias. Se han manifestado, como ya se lleva mucho tiempo apuntando, como un eje vertebrador del régimen del 78, incapaz de adaptarse a las nuevas formas de hacer política y de entender las nuevas realidades sociales, políticas y laborales que conforman la cotidianidad no sólo de la juventud, sino de muchos sectores de la población. Su llamada al paro de dos horas en cada turno ha sido uno de los escollos probablemente más difíciles de superar para un movimiento feminista que se movía desde abajo, en la horizontalidad y sin estructuras. La huelga feminista ha sido un éxito a pesar de los sindicatos mayoritarios y no gracias a ellos, ya que incluso muchas de sus afiliadas han acabado yendo a la huelga de 24 horas mostrando una vez más que cuando desobedecemos hacemos cosas extraordinarias.

El gobierno ha pasado por todas las fases que ya describió Gandhi en su día “primero te ignoran, después se ríen de ti, luego te atacan, entonces ganas”. La imagen de Rafael Hermando asumiéndose como feminista el viernes refleja que, aunque defiendan políticas públicas contrarias a los derechos de las mujeres, ser calificado como machista está peor visto que ser feminista. Y esto es muy positivo, porque el feminismo no es una palabra cualquiera, sino toda una teoría política que viene de una genealogía de mujeres que han propuesto ideas radicales para acabar con la desigualdad entre mujeres y hombres en el mundo imperante del patriarcado. Se puede intentar vaciar al feminismo de contenido, pero que sea una palabra común en nuestro día a día va a acercar a muchas más mujeres a todo un pensamiento que hasta ahora ha estado oculto.

En el caso de Ciudadanos, el partido naranja ha hecho hincapié en uno de los factores fundamentales de la huelga, el anticapitalismo necesario para acabar con la opresión y explotación de todas las mujeres. Sus intentos de reapropiación son intentos desesperados, de mano de los medios de comunicación hegemónicos, de dar una idea edulcorada de feminismo que únicamente visibilice a mujeres blancas, de clase media alta cuya única preocupación es la brecha salarial y poder conciliar, sin mencionar en ningún momento el papel de los hombres en los cuidados. Ante estos discursos de corte neoliberal es necesario no sólo hablar de anticapitalismo, sino además apostar por poner la vida en el centro como eje de una política emancipadora que revalorice los cuidados haciendo tambalear el sistema económico gracias al reparto equitativo de su ejercicio.

En el caso de Podemos se ha demostrado una vez más que aquellas teorías que defendían que la realidad sólo se transformaba desde las instituciones no solo no se sostienen, sino que llevan a la inoperancia más absoluta. Los debates internos articulados en torno a la dicotomía radicalidad-mayorías se han visto desbordados por una mayoría que, sin ser toda ella radical, no ha tenido el menor problema es sumarse a un movimiento que ataca los cimientos del sistema. El sujeto pueblo neutro tan criticado por ser incapaz de dar de lado el androcentrismo se ha quedado atrás. No es decir nada fuera de lugar afirmar que el sujeto político actualmente con aspiraciones de transversalidad y capacidad de movilización son las mujeres.

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El feminismo tiene la oportunidad, por una vez, de ser el centro de la política, de marcar agenda, de imponer ritmos y de profundizar en el discurso. Nuestra sociedad se sostiene gracias al pacto sexual y su puesta en entredicho es mucho más que una operación de marketing. Se corren riesgos, van a ser muchas las voces que van a querer alzarse como feministas desplazando a las que han dedicado su vida a defender los derechos de las mujeres. Ha llegado el momento de ser más abiertas que nunca, y también completamente firmes en los objetivos a alcanzar. Si el 15M abrió la brecha en el régimen del 78, el feminismo hoy está profundizado en lo que ya es una grieta irreparable. Tenemos la obligación de caminar a un proceso constituyente donde el feminismo se encuentre como eje vertebrador transversal en una nueva constitución, esta vez sí, feminista.

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