Vida laboral y personas trans

Hace unos días saltó a los medios una noticia poco usual: una cadena de hoteles de Andalucía ha firmado un convenio para contratar en sus instalaciones a personas transgénero. Esto me ha animado a escribir sobre la situación laboral de las personas trans, porque no es casualidad que el 85% del colectivo estemos en paro.

Para comenzar a comentar la situación laboral de las personas trans tenemos que hablar del sistema educativo que le precede, el cual, por desgracia, no está extenso de la transfobia. Acciones como ir al baño que te corresponde, usar el uniforme que deseas o incluso que te llamen por tu nombre real y escogido son sistemáticamente negadas incluso mediante la violencia. Lo que provoca que las personas trans tengamos que buscar un centro educativo que nos acepte. Esto último suele ser una opción con la que las personas trans jóvenes contamos, pero hace unos años no existía esta opción y el resultado era el abandono de los estudios, algo que por desgracia todavía es muy frecuente. Todo esto desencadena que la mayoría de las personas trans no obtengan un título superior y, en consecuencia, la vida laboral sea más dura. Poniendo un ejemplo práctico: conozco a una docena de personas trans que viven en la misma ciudad que yo, pero no me he encontrado a ninguna de ellas en la Universidad donde estudio. Ser transgénero e ir a la Universidad no es algo habitual, el camino para llegar ahí, tanto académico como económico, es un infierno.

Con esta situación entramos ya en el mercado laboral, en el cual, a parte de carecer de una formación que te han negado, tenemos que afrontar el hecho de ser personas trans. La mayoría de las entrevistas laborales a las que nos enfrentamos son un verdadero infierno. El simple hecho de que descubran que eres trans supone el fin inmediato de la entrevista y por consiguiente la posibilidad de conseguir el empleo; a la mayoría de los trabajos no podemos acceder si nuestra imagen no se asemeja con la que la sociedad espera de ella. Al miedo de ser descubierta se suma la incertidumbre de cuando decirlo, pues si no se tiene el género y el nombre cambiado en los documentos oficiales es algo que inevitablemente tu futuro jefe va a descubrir. Leyes y convenios LGTB que se están impulsado en zonas como Andalucía son necesarios para hacer frente a esta discriminación histórica. Es deber de la sociedad poner fin a esta injusticia y reparar décadas de discriminación que nos ha condenado a las personas trans, en especial y con mayor dureza a las mujeres, a caer en la prostitución y demás formas de explotación sexual similares.

Si tuviéramos que poner nombre, apellidos y rostro a la lucha trans serían los de Marsha P. Johnson y Sylvia Rivera. Estas dos mujeres lucharon en el siglo XX para conquistar para las personas trans uno de los derechos más básicos de la humanidad: el derecho a existir. Esto lo consiguieron bajo toda una vida condenadas a la pobreza y a la prostitución, pues, por el hecho de ser mujeres y trans, no tenían acceso al mundo laboral ni académico. Ahora nos toca a sus descendientes ideológicas luchar porque ninguna otra mujer trans tenga que pasar lo que pasaron ellas en este ámbito.

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