Elecciones presidenciales en Brasil: un escenario de incertidumbre

Desde la destitución (impeachment) de la primera mujer presidenta elegida en la historia del país (Dilma Rousseff), se ha instaurado una profunda crisis política, social, económica e institucional en Brasil. Dicho golpe institucional de carácter misógino, elitista y neoliberal se ha traslado en recortes de los derechos socio-económicos relacionados con la vivienda (programa social “Minha Casa Minha Vida”); además, ha recortado el 86% del presupuesto destinado a la reforma agraria; y tampoco ha dejado de lado los servicios públicos del área de educación y salud, los cuales también sufrieron recortes. Por todo ello se ha visto amenazada la garantía de los derechos fundamentales, especialmente de los derechos de las mujeres, de los pueblos indígenas y de la población negra, que son los primeros colectivos en verse afectados por la instauración de las políticas neoliberales, que prioriza la privatización de las empresas públicas, quitando los derechos sociales, económicos y culturales, que se habían conquistado hasta el momento.

En 7 octubre de 2018 serán las elecciones más imprevisibles de las últimas décadas, Brasil un país que, desde el fin de la dictadura, se ha caracterizado por la bipolaridad entre el partido de izquierda del PT (Partido dos Trabalhadores) y el partido de derecha PSDB (Partido da Social Democracia Brasileira), se encuentra en una situación política de incertidumbre. En la actualidad cuenta con una variedad muy grande de partidos políticos (35), entre los que se encuentran un total de 11 pre-candidatos/as a las elecciones. Hasta el momento los tres que más han destacado son:

El expresidente (elegido dos veces) y líder sindical Luis Inácio Lula da Silva del PT como candidato favorito según las últimas encuestas. Sin embargo, el 24 de enero celebrará el juicio de segunda instancia del caso Lula (ya fue condenado en primera instancia), por el que está acusado de corrupción por un inmóvil situado en Guarujá (São Paulo), de hecho, si se confirma la condena podría ser encarcelado y se le impediría presentarse a las elecciones. Aunque el expresidente no sea declarado culpado en dicho juicio, todavía tiene 4 juicios pendientes con la justicia siempre por corrupción, blanqueo y obstrucción de la justicia.

Muchos juristas han cuestionado la legitimidad de dicho proceso, afirmando que se trata más de un proceso político, que jurídico, ya que no se tienen pruebas contundentes para condenarle. Asimismo, ha sorprendido el adelanto del juicio bajo el criterio de los juristas por su excepcionalidad.

En el caso en que Lula no pudiera presentarse a las elecciones de 2018, el otro candidato potencial del PT seria Fernando Haddad. Exministro de Educación y exalcalde de Sao Paulo, sería el candidato ideal por su buena administración como alcalde, pero no tiene la misma popularidad que Lula a nivel nacional, además de haber perdido desafortunadamente las últimas elecciones en São Paulo.

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Además, el PCdoB (Partido Comunista do Brasil), que tradicionalmente ha sido aliado del PT, este año ha decidido tener una candidatura propia, rechazando la vice-presidencia en una eventual candidatura de Lula. El PCdoB tiene como candidata a Manuela D’Avila, exdiputada federal y actual diputada estatal del Rio Grande do Sul. Aunque el PCdoB está intentando alejarse del PT, le será difícil tomar distancia por su gran apoyo a Dilma y Lula durante el gobierno y el proceso de impeachment de la presidenta.

Por otro lado, se encuentra el gobernador de São Paulo, Geraldo Alckmin como candidato del PSDB, partido que gobierna desde hace 24 años el Estado de São Paulo. Esta candidatura pierde fuerza a cada momento sobre todo al Nordeste del país, la zona más empobrecida de Brasil, ya que fue la gran beneficiaria de las políticas públicas sociales del gobierno de Lula y Dilma. Además, varios miembros del PSDB fueron acusados de corrupción, destacándose especialmente el excandidato a las elecciones de 2014 Aécio Neves.

Lo que es novedoso en estas elecciones, es la candidatura de Jair Bolsonaro por el PNE (Partido Ecológico Nacional), de extrema derecha. Bolsonaro, militar y diputado 7 veces por 5 partidos diferentes, está en el segundo lugar de las encuestas, con un discurso misógino, de odio, que promueve la violencia, incentivando el uso de las armas por parte de la policía, en un escenario social ya severamente afectado por una violencia aterradora.

Entre otros partidos de izquierda destaca el PSOL (Partido Socialismo y Liberdade), pero no tiene la fuerza electoral de Lula. Actualmente el PSOL tiene 5 pre-candidatos a las elecciones, de los cuales destaca especialmente Guillerme Boulos líder del MTST (Movimento dos Trabalhadores Sem Teto). De esta forma el PSOL apuesta por alianzas con los movimientos de la sociedad civil organizada, para combatir el gran descrédito de los partidos por parte de la población.

El escenario político brasileño es muy incierto; como está sucediendo en muchas partes del mundo, la extrema derecha está consiguiendo capturar la atención del electorado y la derecha tradicional pierde fuerza electoral. La izquierda en el caso de Brasil, podría ganar las elecciones, pero gracias a la fuerza política de la figura de Lula, el cual, aunque es el favorito, pierde muchísimos votos si comparamos con las elecciones anteriores que ha disputado.

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