He tenido un sueño, pero sólo había mujeres en él…

España son señores mayores diciendo cosas, y mujeres que los escuchan y los apoyan, desgraciadamente. De una forma muy simplificada eso es el patriarcado: hombres hablando y mujeres escuchando. Y si alguna dice algo es para reforzar la opinión de los susodichos. Por no hablar de la gran escisión creada artificialmente entre grupos de mujeres, haciéndonos ver como enemigas para no encontrar nunca un acuerdo que acabaría con sus privilegios, hombres sensatos que miran por nuestro bien-en este caso, la represión de nuestra libertad-. Las que no formamos parte de este sistema envenenado somos tachadas de locas, cuando lo que somos es inoportunas.

Inoportunas porque no vemos a otra mujer como nuestra enemiga, sino como a una compañera a la que ayudar cuando el resto del mundo dice lo contrario. Somos inoportunas porque no nos conformamos con que nos llamen iguales, sino que buscamos serlo realmente. No nos conformamos con que nos otorguen ciertos derechos, queremos tenerlos todos. Somos inoportunas porque no nos representa un Parlamento lleno de hombres diciéndonos lo que pensar, como pensar, regulando nuestro cuerpo- queriendo hacerlo suyo- y lo muy desquiciadas que estamos. Sabemos que no es así, sabemos que tenemos que cambiar las cosas. Necesitamos más nosotras y menos vosotras. No debemos reparar tanto en ellos, siempre tratándonos de forma condescendiente y paternalista. Ya va siendo hora de mirar por nuestros derechos, de hacernos valer. De no ocupar un puesto sólo para parecer que tenemos igualdad de oportunidades y derechos, sino porque somos totalmente independientes.

Quiero ver a políticas sin complejos hablando sobre el bienestar de sus ciudadanas, porque de sus ciudadanos ya se ocupa el resto del mundo. Quiero ver a mujeres liberadas que no se tengan que justificar cuando critiquen el papel de los hombres; estoy cansada de escuchar «los hombres son malos, pero también hay mujeres malas». Basta ya, no hay que justificar nada. Bastante claro nos lo han dejado para comenzar a actuar. El camino se demuestra andando, ya es tiempo de pasar a la acción y tomar el control de nuestras vidas. De nuestra política, del país, para feminizarlo por completo, para conseguir lo que ninguno de estos hombres ha querido lograr nunca, un país de mujeres y hombres libres.

Quiero vivir en una sociedad donde a una chica no se le menosprecie cuando diga que ha sido atacada, violada, que su testimonio sea tomado en serio y que se castigue a los que la ridiculizan. Nuestras vidas importan, no somos juguetes creados para su disfrute; somos personas plenas. Quiero un país en el que no se defenestre a un político cuando utiliza el término heteropatriarcado, el cual todavía no ha registrado la Real Academia Española. Incluirlo implicaría que la palabra es real, que describe una porción de nuestra concepción del mundo. Pero eso sería inadmisible, porque de cierta forma nos estarían dando la razón. Ese nosotras tiene que ir ganando cada día más peso…

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Quiero vivir en una sociedad en la que pueda volver tranquilamente sola a casa, sea de noche o de día, vaya con minifalda o en chándal. Quiero vivir sin miedo. Quiero dejar de ser tratada como una posesión. En esta sociedad la mujer es vista como un flamante y nuevo Porsche carrera amarillo; podemos ser caras, bonitas y especiales, pero no dejamos de ser simples objetos. Tan sólo quiero ser dueña de mi propia existencia, tanto como lo son todos ellos. Pero parece que vivimos tiempos en los que las exigencias, las críticas y la libertades están mal vistas, sobre todo si eres una mujer que vive «a este lado del mundo libre». Hay que construir una sociedad donde todas estemos incluidas, donde a las feministas no se nos trate como el enemigo a batir. Nuestra labor acabará el día en que todo el mundo sea feminista, hasta entonces seguiremos molestando, haciendo ruido. El feminismo es una fuerza imparable, que ha llegado para no marcharse jamás.

Rajoy puede ser el presidente de este país, pero no el mío. El resto de líderes hombres pueden estar en la oposición criticándolo, pero no así cambiarán las cosas, seguirán gobernando y defendiendo sus privilegios, y obviando nuestras necesidades, tratando al feminismo como una lucha de cuarta. Ya les hemos dado demasiada importancia, demasiado apoyo y tiempo que no merecen, que no merecía ningún político de este país corrupto y caduco. Porque no nos representan.

Que la suma de nuestros yo resulte en muchas nosotras. Ha llegado nuestro tiempo.

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