Traducción de Sandra Pérez González

Todos conocemos grandes nombres del feminismo español: Clara Campoamor, Margarita Nelken, Victoria Kent, Concepció Loring… Mujeres que contribuyeron al sufragio femenino, a la apertura de las filas obreras para incorporar el género olvidado. Mujeres con las que tenemos una deuda histórica, y que hemos intentado reivindicar desde todos los espacios feministas. Incorporar sus historias a la historia de la humanidad ayuda a crear una genealogía feminista, nombrando y reconociendo a todas las mujeres que, con sus esfuerzos, han contribuido a crear el ambiente subversivo en el que nos encontramos –o en el que por lo menos pretendemos encontrarnos- las mujeres actualmente. El nombre de Clara Campoamor se puede leer en la placa de diversas calles a lo largo de toda la geografía ibérica; además, la encontramos en cualquier libro de texto. Victoria Kent fue recientemente nombrada en una serie española que recrea el surgimiento del feminismo español en los años veinte. Hemos luchado día a día para que sus nombres no se borren de la historia. Ahora bien: el desplazamiento hacia Castilla de la ‘historia común’ hace que perdamos de vista que se escriba nuestra propia historia, nuestra propia genealogía feminista. Y es que, por más que el franquismo se haya esforzado en silenciar la historia colectiva de la Comunidad Valenciana, hubo grandes mujeres obreras que nos representaron y nos continúan representando.

Uno de los silencios más sangrantes es el que hay alrededor de la figura de la feminista socialista valenciana María Cambrils. Nacida en El Cabanyal, en setiembre de 1877, casada a la fuerza siendo menor de edad, después de quedar huérfana de padre, y viuda al poco tiempo, ingresó en un convento de monjas, que acabó abandonando –física y espiritualmente-. Después de esta experiencia religiosa, empezó a interesarse tanto por el feminismo como por el socialismo. Sus dos mayores influencias para virar hacia estas corrientes fueron, por un lado, una de sus vecinas, Natividad, que la introdujo en la lectura de Marx, Ruskin, Jaurès, Pablo Iglesias y Bebel. Fueron los libros de este último los que la motivaron a interesarse por el feminismo y la lucha por la emancipación de las mujeres. Su otro gran impulso hacia el movimiento obrero fue su compañero sentimental José Alarcón, que desde muy joven eran conocido en ambientes republicanos y revolucionarios. Fue parte de más de veintiún procesos judiciales durante toda su vida y llegó a pasar largas temporadas en prisión. Fue hacia 1915 cuando los dos se conocieron y decidieron pasar el resto de su vida juntos. Fueron compañeros hasta el final: no se casaron –conforme a sus principios- no tuvieron hijos y ni siquiera se nombraron el uno al otro en el testamento, pero vivieron juntos hasta el final de sus vidas y su actividad política estuvo siempre muy relacionada. Los dos se trasladaron posteriormente a Pego, de donde era la familia de Cambrils.

María fue colaborada habitual de publicaciones socialistas –por las que no recibió soporte económico- convirtiéndose en una prolífica articulista reconocida dentro del movimiento obrero. Famosa polemista, escribía para revistas como El socialista, el món obrer, L’obrer, El popular, L’obrer balear, Revista popular. Ni tan siquiera El socialista, el más difundido de estos pudo significar prácticamente ninguna fuente de ingresos para María. Sí que figura, en cambio, que ella donaba parte de su dinero para sustentar estas publicaciones populares. Sus intereses nunca fueron mercantiles y siempre estuvieron al servicio del pueblo. Así, hacia 1924, María se convirtió en una de las firmas habituales del periódico El socialista, al lado de grandes personalidades como Pablo Iglesias o Largo Caballero. Además era de las pocas mujeres que podía presumir de esa categoría. Usaba un léxico muy personal, un vocabulario increíblemente rico para alguien sin estudios regulados, con sentido del humor, contundente, y no temía polemizar con otras figuras dentro del movimiento, tanto hombres como mujeres, consagrados o desconocidos. A la luz de estos sucesos surge una pregunta obvia: ¿cómo una mujer nacida en El Cabanyal a finales del siglo diecinueve, con unos orígenes y entorno poco propicios, consigue semejante grado de reflexión y formación­? La respuesta es muy simple: María fue autodidacta. Fue otra más de las mujeres que demostraron que, mediante la educación, una mujer podía llegar igual o más lejos que cualquier hombre. Según sus propias palabras, que dirigía a José Alarcón: ‘tú me enseñaste y los libros me convencieron’.

María Cambrils escribió más de cien artículos, aunque en su testamento se declaró viuda y sin profesión específica. Al leerla emociona y sorprende la firmeza de su discurso, que no evita la confrontación dialéctica. Además de los ya citados artículos, Cambrils fue también autora de un libro donde el título es una declaración de intenciones y su propio ideario político: Feminisme Socialista. Se especuló durante bastantes décadas que la misma María Cambrils nunca había existido, y que todo lo publicado a su nombre era realmente patrimonio de su compañero Alarcón –en una vieja estrategia utilizada por el machismo en España para borrar los nombres de las mujeres ilustres de la historia-. Fue Clara Campoamor quien prologó este libro, donde definió a María como a una mujer singular ‘que cree en las mujeres porque cree en sí misma’. Dedicó el libro a Pablo Iglesias, a quien admiraba profundamente, y en la introducción resumió el contenido del libro de manera clara y concisa: ‘nuestro libro no es un pasatiempo, es un alegato contra la injusticia, la opresión, el matrimonio indisoluble y las violencias contra las afecciones del corazón. En estas páginas solamente se podrá apreciar la sinceridad de un espíritu ansioso de libertad’. En su libro, Cambrils considera que el feminismo es una manifestación colectiva de disconformidad que aspira a que la sociedad humana se rija por normas de equidad, y confía que la mujer sea también socialista, ya que, según ella, ‘no se puede ser otra cosa ni pensar de otra manera si de verdad se pretende su liberación’. Aunque es imposible resumir brevemente un pensamiento tan prolífico y extenso, podemos decir que las ideas centrales que sostiene son la necesaria vinculación del feminismo con el socialismo, la definición de ambos conceptos y sus aportaciones a estos, y los argumentos contra los adversarios de la igualdad, que intentaban convencer con argumentos pseudocientíficos de la inferioridad de las mujeres para perpetuar su sumisión y subordinación. Sostiene que si las mujeres hubieran recibido la misma educación que los hombres serían capaces de mostrar adecuadamente su capacidad, como bien se demostró posteriormente.

María Cambrils murió en el olvido, enferma de diabetes, en su Pego natal, al final del año 1939. Su compañero José Alarcón fue fusilado por el franquismo un año después. Ambos son claro ejemplo de lo fácil que resulta para los vencedores construir la desmemoria, y de lo difícil que resulta recuperar la historia de tantas mujeres y de tantos hombres que fueron sepultadas y sepultados por el franquismo, especialmente dentro de la Comunidad Valenciana, donde la represión y el olvido fueron brutales. No obstante, no podemos conformarnos con la historia institucional que nos ha sido dada: debemos cuestionar e indagar hasta recuperar los nombres que nos fueron arrebatados, escribir todos juntos la gran historia colectiva obrera de nuestra tierra. Tal y como lo escribió la misma María Cambrils en uno de sus artículos, ‘frente a las adversidades, que constriñen nuestra acción serena, razonable y legítima, no debemos desfallecer jamás’.

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