Irene Bassanezi Tosi

Estos días estuve asimilando mucha información, pero sobre todo mucha tristeza e indignación. El jueves por la mañana me llegó la noticia desde mi país, Brasil, de que Marielle Franco y el conductor del coche, Anderson Pedro Gomes habían sido asesinadas/os. Hasta el día de su fallecimiento no conocía a Marielle, por lo que no pude evitar preguntarme por qué no sabía nada de una mujer tan increíble. Tuvo una trayectoria de vida admirable, nació en la favela de la Maré y había logrado superar muchas barreras del sistema racista, patriarcal y desigual. Consiguió acceder a la universidad graduándose en ciencias sociales y dedicó su vida a la defensa de los derechos de las mujeres, de la comunidad LGBTI y de la población negra. Fue coordinadora de la Comisión de Defensa de los Derechos Humanos y Ciudadanía de la Asamblea Legislativa de Rio de Janeiro y la 5ª concejala más votada de esta misma ciudad de la mano del Partido Socialismo y Libertad (PSOL). Me sorprendió pensar que conocía a demasiados personajes de derechas, racistas, machistas y xenófobos mientras que desconocía el trabajo de personas como Marielle.

Marielle representa la resistencia en Brasil y su asesinato ha sido un ataque claro a todo lo que ella representaba. Brasil tiene unos índices de muertes violentas que supera el número de víctimas de países que están en guerra, como Siria o Iraq, entre 2001 y 2015 se contabilizan 786.870 homicidios en el país sudamericano. De estos se calcula que cada 23 minutos un joven negro es asesinado, son 63 muertes al día, que corresponden a 23 mil muertes al año, de acuerdo con datos de Naciones Unidas. Estos datos ponen en relieve que se vive en un conflicto social constante, que afecta a una población determinada. Una sociedad que todavía no ha superado la esclavitud, la explotación y el racismo hacia la población negra. En otras palabras, una sociedad que no quiere el ascenso social de dicha población, porque las élites integradas, principalmente por hombres blancos, no quieren perder sus privilegios. De hecho, Marielle había escrito en las redes sociales el 13 de marzo: “Un homicidio más de un joven que puede estar entrando en el recuento de la PM (Policía Militar). Matheus Melo estaba saliendo de la Iglesia. ¿Cuántos más tienen que morir para que esa guerra acabe?

Ese mismo día, aunque presencié muy de cerca lo ocurrido en el barrio madrileño de Lavapiés, no podía evitar que mi corazón estuviera en Brasil, donde había manifestaciones revindicando justicia por el asesinato Marielle. Tras una persecución policial, el senegalés Mame Mbaye Ndiaye sufrió un infarto que provocaba su fallecimiento. Mame al llegar en España estuvo detenido en los CIEs, y tras 13 años viviendo en España, el Estado no le había concedido los papeles. Era miembro del sindicato para manteros y lateros de Madrid, desde donde revindicaba sus derechos. No es posible que Mame por el simple hecho de intentar sobrevivir, haya sido perseguido por el Estado y la ley de extranjería. Al día siguiente, una concentración de gentes muy diversas protestaba por la vida de este mantero al grito de ningún ser humano es ilegal. No podemos seguir matando a la población negra, negándoles derechos, persiguiéndolos, encarcelándolos, por el simple hecho de ser negros e inmigrantes, sólo porque quieren vidas más dignas, por reclamar que sus derechos sean respetados.

Mame y Marielle son personas que vivieron en diferentes países y en diferentes circunstancias, pero tenían en común la persecución del Estado racista. En la actualidad vivimos un periodo histórico de represión, de regresión de derechos, de persecución de la población negra, dicha violencia y discriminación estructural no es de ahora, lo llevamos arrastrando desde hace siglos. Angela Davis, activista e intelectual brillante, en un debate que participó Pikara Magazine dijo una frase que me parece muy esclarecedora: “La no aceptación de los refugiados por los países europeos es el eco de las historias colonialistas”, asimismo en países como Brasil la no aceptación del ascenso social de la población negra es el eco de la esclavitud. Es decir que, si queremos luchar contra el racismo, tenemos que cambiar las estructuras racistas y colonialistas de nuestras sociedades, no sirve solamente promocionar políticas públicas paliativas, hay que ir a la raíz del problema.

Venimos arrastrando dichas estructuras desiguales desde hace muchos siglos, ¿cuántos siglos más tenemos que esperar? ¿Cuántas vidas más tendrán que ser arrebatadas? ¿Cuánta discriminación y acoso tendremos que sufrir? Ya es hora de descolonizar y deconstruir dichas estructuras desiguales, ya es hora de alcanzar un mínimo de justicia social. Ya es el momento de reflexionar y actuar sobre nuestros privilegios como blancos/as.

¡Marielle y Mame presentes! ¡Gracias por vuestra lucha!

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