Fotografías: Paola Aragón

A las puertas del Congreso de los Diputados nos espera Rosa Martínez (León, 1975) tras una jornada de trabajo habitual para ella. La representante de Equo por Bizkaia, integrado en la coalición confederal de Unidos Podemos, nos abre su despacho, lugar jamás visto por la mayoría. Las cámaras, por lo general, no pueden entrar.

Conversamos con la representante pública sobre derecho animal, ecologismo, y ecofeminismo. Hace poco abandonó la coportavocía del partido verde, pero se muestra muy ilusionada con la nueva etapa que le espera y que acaba de comenzar.

 

Equo convive en el Congreso con Podemos, IU y otras fuerzas en coalición desde hace casi dos años. ¿Cómo valoras la confluencia y cómo crees que eso se traslada a la importancia de vuestro partido?

La confluencia de las fuerzas políticas que representa Unidos Podemos -de tres partidos a nivel estatal, más luego las confluencias territoriales- ha sido una buena experiencia que ha permitido agrupar espacios y culturas políticas entorno a la necesidad de construir una alternativa diferente al Partido Popular. Para EQUO ha sido muy positivo, porque nos ha permitido, en primer lugar, acceder al Congreso de los Diputados, pero también poner temas claves en la agenda política, una perspectiva diferente. Introducir una visión verde, como lo es la política de infraestructuras, la política de migraciones, la política energética, la política económica, de ciencia… Dar esa visión de sostenibilidad creo que significa riqueza para Unidos Podemos y es relevante para el proyecto que necesita este país.

¿Cuánto peso, en tu opinión, ha logrado adquirir el ecologismo dentro de la confluencia?

En general, la conciencia ecológica -o la conciencia por la necesidad de cambiar el modelo en el que producimos, consumimos, debemos reducir la contaminación o tenemos que luchar contra el cambio climático- cada vez está más presente en la sociedad. Es una exigencia muy vinculada a los derechos y a la calidad de vida de las personas, así que es un tema que está ganando peso en todos los partidos. La diferencia que aporta EQUO respecto a otras propuestas de sostenibilidad es, sobre todo, esa visión de justicia social. No podemos aspirar a un modelo más sostenible si no es un modelo que elimina la desigualdad. Creo que ahí la aportación es clara y es valiosa. Nos diferencia.

 

“La sostenibilidad tiene que ir acompañada de justicia social”

 

Siendo que te reconoces como ecofeminista, ¿podrías introducirnos un poco en lo que significa y recomendarnos a algunas de tus referentes?

La etiqueta de ecofeminista puede interpretarse de muchas maneras. Lo que yo entiendo por ecofeminismo es que, si vamos hacia un mundo más sostenible, hacia un mundo donde se respeten los límites del planeta, tenemos que tener en cuenta y abordar la perspectiva de género de forma que la mitad de la población, las mujeres, estemos incluidas en esos nuevos procesos de producción y modelos de vida. No nos sirve vivir en un mundo más ecológico, más sano, más medioambiental, si la mitad de la población seguimos en desigualdad. En este sentido, la referente ecofeminista más clara es Petra Kelly. Ella nunca se definió como ecofeminista, pero fue la primera en vincular ecología, vida y derechos de las mujeres de una manera muy clara y muy bien articulada en sus discursos. A día de hoy, por ejemplo, personas como Vandana Shiva defendiendo la lucha por las semillas, por otro modelo de producción y de alimentación es otro referente del papel de las mujeres en esa transformación ecológica.

Hay algunas corrientes ecofeministas que vinculan a las mujeres con la defensa de la Naturaleza implicando connotaciones incluso místicas.

Veo riesgos en asumir o defender que las mujeres, por ser mujeres, tenemos ciertas cualidades que los hombres no tienen. Es confirmar la discriminación respecto a los cuidados y la vida privada que el patriarcado nos ha colocado tradicionalmente a las mujeres. Yo creo en la construcción cultural de los roles de género, por lo tanto, esa vinculación mística mujer-naturaleza no me acaba de convencer y, sobre todo, políticamente es difícil de articular, porque no corresponde a nuestra cultura ni a nuestra cosmovisión. Es verdad que en comunidades indígenas o en lugares donde cultural, emocional y socialmente hay una relación con esa visión de la madre naturaleza puede tener sentido, pero importar eso aquí, a nuestra sociedad, a nuestra cultura y a nuestras mujeres del siglo XXI lo veo difícil sin pasar un tamiz y sin muchas matizaciones. Por ejemplo, la filosofía del buen vivir de América Latina no puedes trasladarla tal cual al mundo occidental, aunque tiene vínculos y hay cosas que puedes articular y adaptar a la realidad, al entendimiento y a cómo vemos el mundo. Es importante en política que lo que tú propones, tu visión, tenga sentido y encaje con la visión común de la sociedad.

Además de ecologista, EQUO es un partido declaradamente preocupado por el derecho animal.

Somos un partido referente en cuanto a animalismo y derechos de los animales y nuestro programa es completo y, además, es realista, en el sentido de que el programa electoral es lo que se puede hacer a día de hoy en las instituciones.

Fotografías: Paola Aragón
Fotografías: Paola Aragón

“Subvencionamos el abaratamiento de precios con contaminación y rebajas fiscales”

 

¿Se ha debatido esta cuestión desde las políticas públicas o desde el carácter ético?

La red EQUO animal es un grupo específico que trabaja sobre el tema de los derechos de los animales, es uno de los más activos en la formación. Es un tema importante para nuestra gente. Los debates son sobre todo en términos políticos: qué se puede hacer y qué se puede conseguir sin que eso suponga que detrás, una vez que sacas esas propuestas, haya habido un debate más ético o de posicionamiento general. Creo que al final un partido político está para hacer propuestas políticas, no para definir ni abrir debates que tienen mucho más calado.  Además, ahí yo creo que podemos perder gente y es un tema en el que hay que sumar gente. Estamos en lo que se puede hacer, tirando hacia delante, ambiciosos y con las cosas claras.

Está muy en boga el maltrato animal en la industria cárnica, el programa de Jordi Évole, ‘Salvados’, le ha dado estos días más visibilidad. ¿Estáis trabajando en alguna propuesta parlamentaria para tratar esta cuestión?

Los compañeros de En Comú Podem han trabajado iniciativas relativas a las condiciones de trabajo de las macrogranjas, los mataderos, etcétera. Es algo que ya se estaba haciendo, antes de que Évole lo pusiera de actualidad, pero ya teníamos compañeros haciendo un seguimiento. Más allá de iniciativas concretas, tenemos que abrir un debate sobre el modelo de producción agroalimentaria. Las macrogranjas empiezan a ser una tendencia. En Soria hay un proyecto de una, y también se da a nivel europeo. Nuestro eurodiputado en Bruselas, Florent Marcellesi, está también trabajando este tema para ver cómo, desde la actual legislación, puede limitarse esa tendencia de macrogranjas donde, efectivamente, las condiciones de trabajo ni son las adecuadas, ni producen una carne de calidad y ni sana y, por supuesto, donde tampoco respetan las mínimas condiciones de bienestar animal. Tampoco son medioambientalmente responsables, por lo que no encontramos ningún beneficio para mantener el actual modelo de producción de la industria cárnica. Habrá que adaptarlo y trabajarlo desde las distintas instituciones.

 

“El cambio de modelo económico hay que conseguir hacerlo sin dejar a nadie atrás”

 

¿Qué opinas sobre la posibilidad de desarrollar un derecho animal en sí mismo, tal y como ya se está exigiendo desde círculos activistas?

La cuestión del bienestar animal y de los derechos de los animales está cogiendo mucha fuerza, sobre todo, entre la gente joven. Implica un cuestionamiento de nuestra propia ética y abre un debate ético sobre qué consideración les damos a los animales respecto a los valores y los derechos. Desde luego, más allá sobre todo del bienestar de las mascotas, los animales más cercanos en nuestro entorno, y en nuestras emociones, el bienestar animal tiene que ser extensible a todos, incluidos los que están destinados para producciones en la industria cárnica, la leche y huevos etcétera, pero también a animales salvajes. Está bien, y políticamente, desde las instituciones es más fácil abordar las cuestiones una por una; desde el maltrato animal a las mascotas, el bienestar en la industria cárnica etcétera. Pero en el fondo es un debate que se está abriendo y que todavía no está maduro. Hay que plantearse qué consideración ética le damos a los animales y, por lo tanto, cómo los incluimos o los dejamos de incluir en nuestro ordenamiento jurídico.

¿Qué líneas legislativas crees que podrían desarrollarse a ese respectó más a corto plazo?

Hay una muy clara que está prácticamente ganada y que además tiene mucho peso, porque fue una de las primeras reivindicaciones del movimiento animalista: el fin de las subvenciones a la tauromaquia. Es muy simbólica y creo que ya está encarrilada. Pero, por ejemplo, renovar las ordenanzas municipales sobre animales es también algo que se está desarrollando, y ahí también hay mucho trabajo por hacer. Por supuesto, todo lo relacionado con la industria que implica animales implica también mucho esfuerzo. Como decía antes, está vinculado con los derechos laborales, con la salud y con el medioambiente. Pero el debate de fondo es otro, y aún no está abierto en la sociedad en general, sino en sectores y movimientos activistas.

Cuando se habla de ética animal y de algunos modelos ecológicos de explotación de recursos, se dan ciertas controversias al trasladar parte de este discurso a las áreas rurales, que podrían verse especialmente afectadas.

Estamos hablando de que la ética animal sería una revolución cultural de máximo calado en la historia de la humanidad, dejar de considerar a los animales cosas para considerarlos iguales supondría poner todo patas arriba. Ese debate, que se dará en unos años -no sé si en 10, 15, o 50 o si no se dará nunca-, es un debate que es legítimo tener. Distinguiendo los ámbitos de pensamiento intelectuales y los activistas del de la política -entendida como el arte de lo posible- se puede tener un horizonte. Pero desde las instituciones y desde un programa político, hay que plantear qué se puede ir dando para que nos dirijamos a ese horizonte común realista sin dejar a nadie atrás, que sea justo con todo el mundo. El reto está en articularlo todo y que la transición se haga de manera justa. Porque cualquier dimensión del modelo económico implica una transición, y hay que hacerla de manera ordenada y justa. No puedes cerrarlo o prohibirlo todo de un día para otro, porque hay una parte del sistema que se resentiría. Tienes que tener una salida preparada para la gente que vive de eso. El concepto de transición implica una progresividad.

Fotografías: Paola Aragón
Fotografías: Paola Aragón

“Dejar de considerar a los animales objetos lo pondría todo patas arribas”

 

Hay posiciones críticas desde un discurso de clase con la mercantilización del ecologismo, por considerar que muchas de sus propuestas -como el consumo de productos de alimentación ecológicos- no se encuentran al alcance de amplias capas de la población con recursos más limitados.

La justicia ambiental y la justicia social van de la mano. Cuando hay una injusticia ambiental, automáticamente, tiene una repercusión en los derechos de las personas y genera desigualdad. Realmente, la cuestión de clase del ecologismo son las implicaciones y las consecuencias que tiene en las vidas de personas y en los derechos. Tener una producción más sostenible, tener una alimentación más sana o más ecológica es una cuestión de clase, porque estás reduciendo los impactos negativos que tiene en la vida de muchas personas. Con la alimentación hay una cuestión de clase en el sentido de que, cuando tienes la renta más baja, comes peor. Eso es lo que tiene que cambiar el sistema. En primer lugar, que la alimentación ecológica saludable esté al alcance de todo el mundo, que la PAC -la Política Agrícola Común- destine ahí las ayudas, que no las ponga en las grandes producciones o en las macrogranjas. En segundo lugar, que los salarios no sean salarios de pobreza, que permitan a la gente pagar las cosas por su valor. El problema no es que los productos ecológicos sean caros, es que lo otro es demasiado barato y estamos subvencionando esos precios con contaminación, con enfermedades, con rebajas fiscales. Las cosas tienen un valor y hay que pagar ese valor justo. Además, es necesario el reconocimiento al trabajo de los productores, la comida es barata porque pagan pocos sueldos, va todo muy ligado. Es errar el debate, aunque es verdad que existe un movimiento dentro de las grandes empresas, el capitalismo verde, que aprovecha la ola ecológica de conciencia de la sostenibilidad y de conciencia contra el cambio climático para hacer de eso un modelo de negocio. Y no debería tratarse de un modelo de negocio, porque es la única alternativa que tenemos para reducir la desigualdad en el mundo.

¿Entonces es más una cuestión de voluntad política?

Volvemos a lo mismo, con la ropa ocurre igual. Una camiseta de 30 euros, ¿es cara o es barata? Quizás sea el precio justo, lo que es inaceptables es que una camiseta cueste tres euros. ¿Dónde está esa diferencia? En las externalidades. De los tres euros a los 30, todo se paga de alguna manera, y se paga porque se no ponen filtros ambientales, porque se paga una miseria a las trabajadoras, porque no se pagan los impuestos con los que luego hay que financiar el Estado del Bienestar. Hay que cambiar el modelo, apostar por producir menos, pero de más calidad. Eso vale para alimentación, vale para ropa, para coches y para móviles. No es sostenible mantener el nivel de producción que tenemos ni de consumo. Todo va de la mano y tiene unas implicaciones de clase y de justicia social que muchas veces se obvian.

A partir de ahora, empieza para ti una nueva etapa en la vida política tras haber abandonado la coportavocía de tu formación. ¿Cómo esperas afrontarla?

Con la misma ilusión que cuando empecé en 2011 con el partido. A veces toca elegir otros lugares desde donde contribuir al proyecto. Yo he elegido Euskadi, y la verdad es que hay un trabajo por hacer allí de consolidación del espacio de Podemos y de crear una alternativa al PNV que me parece interesante y apasionante, así que lo afronto con ilusión. Esto, junto a continuar con mi trabajo de diputada aquí en el Congreso, son mis planes.

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