Carrero Blanco y su volatilidad humorística

Esta semana hemos vuelto a comprobar la doble vara de medir ideológica que existe socialmente en España en torno a los límites del humor. Por desgracia, se sigue ponderando la línea roja del mismo según el sujeto y no el hecho. Hablaré de mi experiencia personal que no es poca precisamente, por ejemplo, en mi lista de piropos diarios me desean tiros en la nuca, que mi familia se muera entera o que los tanques ametrallen mi ciudad. Leo a diario comentarios abusivos hacia colectivos débiles o personas que simplemente no tienen difusión y acaban cayendo en lo más profundo del olvido, hechos que precisamente no importan a ningún órgano judicial o de seguridad de oficio. Ahora bien, ¿qué pasa si se hacen los mismos chistes de la Reina madre de Inglaterra con Rita Barberá? Ya lo sabemos todos, manadas de borregos adoradores del grandioso Estado de Derecho español saltarán a la yugular igual que cuando hicieron humor negro sobre taurinos, contra todo lo que suponga diferencia con un puntal ideológico español, a la hoguera.

Con unos pocos minutos dando vueltas por las redes sociales de ciertos partidos, ideologías y demás periferias políticas uno puede encontrarse de todo, anhelos de cunetas llenas, peticiones de exterminio de razas por parte de supremacistas, negacionismo de genocidios, xenofobia extrema, homofobia, transfobia, etc… Ahora bien, es bastante chocante que la fiscalía se preocupe por unos chistes de un señor que murió hace 40 años hechos por una chica, más que de los ataques y amenazas que sufre esta chica a diario de carácter tránsfobo, ¿estas son las preferencias? Es una lástima que yo haya normalizado e incluso me tome con humor el deseo de terceros a que yo reciba un tiro en la nuca, me da más miedo que el sistema judicial proteja a ciertas figuras e ideologías antes que a los ciudadanos que no la promulgan. Tenemos casos para aburrirnos, ¿hablamos del Hogar Social de Madrid? ¿Hablamos de los tweets de esa gente diciendo que Adolf Hitler tenía razón? Justificar genocidios hasta donde yo sé es bastante más inmoral que hacer humor negro, yo defiendo la libertad de pensamiento, pero también la libertad de satirizar en una cuenta personal con lo que a uno le salga de sus partes nobles. Soy el primero que he patinado miles de veces y no vendremos a descubrir la pólvora, pero precisamente sobrepasar límites directos del respeto me han hecho ver este tema con un ángulo distinto.

Yo no quiero una sociedad llena de policías en todos los ámbitos de la vida, si el nazi quiere poner que su Adolfo tenía más razón que Arturo Pérez Reverte, que lo ponga, seguramente en un debate ideológico con 4 argumentos se le deja en la palestra de las ideas, no suelen dar mucho de sí. Les prefiero en un partido político organizado, les prefiero haciendo el ridículo con 4 carpas por Aluche repartiendo panfletos, lo que no prefiero es que estén dando palizas por las noches a inmigrantes creyendo que arreglan la sociedad porque no pueden politizar su basura ideológica. Al final harán menos ruido debatiendo o buscando argumentos académicos sólidos que agrediendo a Lagarder Danciu en una manifestación. Ahora bien, si existe la libertad de ser un neonazi y dar vergüenza ajena a diario escupiendo deficiencia argumental fascista a modo de dogma, que exista la libertad para contar chistes sobre el primer astronauta español que salió de la órbita terrestre, creo que es más justo pedir eso que intentar prohibir absolutamente todo lo que incomode a cierta oligarquía dominante.

Adjunto el tweet original de la polémica: