Meryl, cómo te atreves

Cómo te atreves a decir lo que piensas, a expresarte sin miedo a la censura y al qué dirán; a decir lo que muchos callan por miedo, y muchos otros por ignorancia. Meryl, tú que tienes el altavoz, que dispones de una plataforma gigantesca para que tu voz sea escuchada, para que se expanda y su eco llegue muy lejos, cómo te atreves. Cómo eres tan insensata de luchar por causas que muchos desearían que estuviesen perdidas, cómo te atreves a ser la voz de un pueblo cuya consciencia se han propuesto erradicar. Cómo te atreves a ser digna, a ser locuaz, cómo te atreves a ser mujer y ser consciente de ello, de empoderarte con tus debilidades y saber cuáles son tus puntos fuertes. Cómo te atreves a hablar ahora, cuando más es necesario. Cómo te atreves a querer levantar a todo el mundo de sus casas, a que tus amigos –esos rojos desviados y libertinos de Hollywood – te ayuden en tal monstruosa tarea. Cómo te atreves a tan si quiera hablar, a respirar, a existir, a ser persona. Cómo te atreves Meryl, a ser Meryl Streep, ganadora de 3 Oscar, de 9 globos de Oro y de una lista interminable de premios que no pueden calificar todo tu infinito talento. Cómo te atreves a ser la mejor actriz viva que existe sobre la faz de la Tierra. Cómo te atreves a ser la mejor y aun así querer lo mejor para el resto –sabiendo que ese resto también lo formas tú –. Te atreves porque puedes, porque quieres.

Sigo sin comprender quién le dijo a Donald Trump que podía atreverse a decir que estabas sobrevalorada. Sobrevalorado está él, cuando ni siquiera debería tener un valor, sólo él se jacta de ridiculizar al prójimo indefenso, a reírse se tu inmensa calidad y de pretender presidir un país desde su cuenta de Twitter. Cómo te atreves, Trump, a insultar a un icono de la cultura, máximo exponente del cine y del espectáculo de nuestro tiempo. Cómo te atreves a ser un hombre, a insultarnos a todos y faltarnos al respeto. Tú no eres nada, no eres nadie; tan sólo un loco con complejo de Nerón, con ínfulas de Calígula. Pues lo siento, jamás llegarás a ser Julio Cesar, ni tampoco Cleopatra. Te acabarás convirtiendo en lo que más odias, un igual. Igual que el resto acabarás  convertido en polvo, en cenizas, y solo te recordaran por lo nefasto y vil que fuiste. A Meryl Streep por lo genial y lo brillante de su carrera artística y por su incansable activismo social, por hacer de plataforma de todos los que un día no tuvimos voz.

¿Meryl Streep sobrevalorada? Sigue soñando
¿Meryl Streep sobrevalorada? Sigue soñando

Espero que a estas alturas ya hayáis visto el discurso un par de veces mínimo. No tiene desperdicio, se dicen verdades como puños; son certeras, aunque duelan deben decirse. Las palabras de Meryl son poderosas, se sienten auténticas. Desprenden un sentimiento de lucha, de positividad incansable. No se trata de quién odia más, sino de quién es capaz de dar más amor. Más valores y principios, más humanidad, más ideas. Ojo por ojo y todos acabaremos ciegos. La vida no se trata de vencer y de infligir daño al prójimo, de verlo como un enemigo; se trata de respeto mutuo, de la compenetración, del hermanamiento, de saber valorar la diferencia. Se trata de querernos, se trata de saber poner en el centro a los humanos y no al capital, a las posesiones mundanales y a unos valores decadentes. Citando a la actriz “La falta de respeto invita a la falta de respeto. La violencia incita a la violencia.” Hay que decir la verdad, hay que opinar aunque duela, aunque ofenda. Debemos ser justos, luchar por un futuro común, por este planeta que nos pertenece a todos por igual. Porque todos fuimos inmigrantes alguna vez. Por un mañana donde ser inmigrante signifique ser hermano, ser vecino.

Quiero saber qué cosas positivas pueden traer todos los que siguen soñando con aquella América que nunca existió –y si lo hizo acabó mucho antes de que ellos pudieran arruinarla –. Su patriotismo e ignorancia no nos pueden llevar a nada bueno. Nadie es mejor que nadie por pertenecer un grupo, país o raza determinada; tan sólo participamos del bien cuando dejamos de ser neutrales, dejamos de callarnos y ver como actúa el mal impasibles. Tenemos que predicar con el ejemplo, difundir la palabra, una sana y positiva. No necesitamos ese odio visceral que tanto tiempo lleva arrasando la poca humanidad que nos queda. Con sus alentadoras palabras, también busca el compromiso de unos medios de comunicación que han olvidado la importancia de su labor, quiere conseguir su compromiso y que sean partícipes de los nuevos cambios que tienen que venir. Una prensa libre y crítica fomenta el buen funcionamiento de la democracia con su tarea informativa y sus denuncias sociales.

La falta de respeto invita a la falta de respeto. La violencia incita a la violencia

Con una mejor prensa, los ciudadanos hubieran estado informados de lo que ocurría durante la campaña electoral, y como todo el interior del país, la América profunda era respaldaba una de los mayores errores de lo que va de siglo. Todos podrían haber sabido que Trump no es salvador mesiánico que predica ser – además, los mesías no existen –. Este señor representa la escoria blanca, el sistema patriarcal caduco contra el que el feminismo lleva luchando toda su historia, alaba la ignorancia y la irracionalidad, la crueldad y el egoísmo sistemático. Se ha alzado como dirigente de la presumiblemente nación más poderosa del mundo siendo un empresario corrupto, y prometiendo una mejor democracia donde se le devuelva al ciudadano medio –entiéndase como ese varón blanco que teme perder sus privilegios y todo el que le rodea y se deja atrapar por su visión desenfocada del mundo – la tan olvidada y ansiada dignidad como ser humano. Él solo nos traerá más capitalismo salvaje, más explotación del hombre por el hombre, más violencia y crudeza a un mundo de por sí crudo y errático. Representa la enfermedad mortal de occidente: la ignorancia y la soberbia. Decir que es un ser ignominioso es quedarse corta. No juega a querer ser dios, se cree todopoderoso. Alguien que escupe bilis sobre los marginados, sobre lo diferente, intolerante con nuestra libertad sexual y afectiva; un hombre sin ningún respeto a la cultura, a la historia, ni tan siquiera al ser humano ¿Qué podemos esperar? Nada. Es imposible ver una luz al final del túnel cuando nos están obstruyendo la salida. Con Trump no hay esperanza, no hay futuro.

Cuando nuestros gobernantes son capaces de insultar, agredir y no respetar la diversidad, ni la opinión del que difiere de sus ideas –aunque dudo que a estas alturas sigan teniendo ideas – algo muy malo está ocurriendo. Habría que tomarse en serio a los políticos, no  los actores. Vivimos en un mundo al revés, donde un algo tan ambivalente e indefinido como es la actuación se tiene que significar con principios y valores para poder reflotar un occidente desnortado, mientras la casta política sólo genera burlas, mofas y mucha repulsión. Los actores deberían actuar, y opinar lo mucho que quisieran sobre política, pero no deberían de hacer un trabajo que no les toca, puesto que ya tenemos a gente para ello. Necesitamos consciencia para un mundo dormido, sedado por todo el ruido que les impide ver y escuchar lo que realmente sucede.

TRUMP representa la escoria blanca, el sistema patriarcal caduco contra el que el feminismo lleva luchando toda su historia, alaba la ignorancia y la irracionalidad, la crueldad y el egoísmo sistemático

Meryl mediante sus palabras intenta alejarse de la idea que Hollywood tan solo es La La La Land – justamente la película protagonista de la noche–. Hollywood puede ser muchas cosas más allá de un cúmulo de élites alejadas de la América real, la que ha votado desesperadamente a Trump en su huida hacia adelante. Su respuesta es gloriosa, certera y muy bien dirigida a los haters que escupen contra una institución que representa un pedazo de la libertad que aun les queda, que aun mantenemos. Ella habla por todos, para todas. Como bien dice todos somos “gente de otros lugares”. Y nada hay de errado en sus palabras; todo es cierto. Son actores, actrices, son personas de diferentes partes del mundo con un solo afán: representar historias y darlas a conocer al mundo. Es todo un elogio al mundo de la actuación, a la profesión, y sirve de recordatorio para todo aquel que lo hubiera olvidado, o no lo sepa.

Meryl Sreep les recuerda que son actores al servicio de las historias, y que esas historias pueden tener un mensaje muy poderoso, como su discurso. No importa de donde vengan, su nacionalidad, color o religión, lo único que importan es lo que representan, lo que transmiten en sus transfiguraciones, siendo camaleónicos humanos. Ejecutan una performance, como la vida en sí misma –un reflejo de la realidad –, porque al fin y al cabo, nosotros somos una construcción, una representación de la imagen que queremos proyectar al mundo; nada más. Somos actores ejecutando un rol, como ellos cada vez que se suben al escenario, que pisan un plató, un set de rodaje. Como Lubitsch, hiciera en un atemporal Ser o No ser– una mordaz critica al nazismo estrenada en 1942, en plena Segunda Guerra Mundial –, la vida y el mundo de la actuación conforman un juego de espejos infinito. De ese juego interminable, surge la complejidad, el pensamiento caleidoscópico, surge la cultura, la contracultura, el malestar y ese infinito que se retroalimenta perpetuamente.

Pese a que existan ciertos sectores de la sociedad que sigan apoyando la cultura, y que se sientan desconectados del estado actual de las cosas, de lo maltrecha que está la política, el poder de la anticultura, del conservadurismo reaccionario y erradicador de cualquier pensamiento abierto y sensible está viviendo sus días de esplendor. Por eso sentimos la rabia que Streep siente al hablarnos tan vehementemente sobre su papel como actriz, y como puede difundir el mensaje subida al escenario y gritándoselo al mundo. Puede que poco hagamos tan sólo compartiendo el video en Facebook, o en cualquier otra red social, pero al menos su discurso es visto por millones de personas en las cuales puede plantar el mensaje y esperar a que germine la semilla. No tenemos tiempo para llorar, suficiente victimismo tenemos con el presidente electo americano, como todo hombre blanco de cierta edad que en vez de reconocerse opresor, se ofende cada vez que mencionan su nombre –aunque no se diga nada malo suyo –. Las palabras de la actriz hacen ensanchar al corazón, expandir nuestras almas tana acostumbradas a la servidumbre. Trump se dedica a hacer política de Twitter, de 140 caracteres mientras que Meryl, por mucho portento intelectual y artístico que sea, es sólo una actriz que responde con un discurso político de altura intelectual, no como la ponzoña que suelta el primer presidente naranja de la nación americana.

Soy anti-Trump, pro especie humana

Espero que a estas alturas ya os hayáis levantado de vuestros asientos, llevéis tiempo viendo el vídeo en bucle sin pausa. Porque yo lo he hecho, y me ha llenado de esperanza, de positividad y fuerza. Ahora sí que os puedo decir que tengo miedo, no voy a seguir callada escuchando decir barbaridades. Soy anti-Trump, pro especie humana. Prefiero arder mil veces en el infierno que compartir esta tierra enferma, infectada por el ser humano, drenándola y marchitándola por completo. Vuestro cielo no me atrae, no me consuela. Me horroriza un lugar donde todo entre dentro del canon de lo estrictamente bueno –dentro de vuestros abominables parámetros –, donde todo sea dócil, se doblegue, os obedezca. No quiero compartir un lugar donde vayáis vosotros también, hijos del anacronismo, frustrados, reprimidos y reaccionarios que veis en Trump, en Rajoy, en Lepen un ejemplo de rectitud, de camino a seguir, de posible salvación para un caos del que han sido culpables. Quizá el infierno –como bien decía Shakespeare y nos lo recuerda West Worldesté vacío y todos los demonios estén aquí. Pues bien, prefiero dedicarme a clavar estacas en vampiros machistas, en bestias del inframundo y en seres que dicen ser humanos pero que de humanidad tienen poco; prefiero morir mil veces en el intento de conseguir un mundo mejor, de librarnos del pecado original que nos persigue desde hace milenios, que dejar que tipos como Trump y compañía logren su propósito y consigan silenciarnos. Está pasando. No os tenemos miedo, porque no tememos nada; no tenemos nada Sólo somos principios y personas.

Seguid llamándonos marginados e inmigrantes, porque nos encanta serlo. Pretendéis ofendernos con algo que nos hace más grandes, os estáis escupiendo en vuestra propia cara.

Meryl Streep ha hablado, como lo harán muchos; juntos formamos un todo. Actuamos como uno, pero somos cientos, miles, millones. No podréis con nosotrxs.

 

COMPARTIR